jueves, 23 de abril de 2009

Observo el reloj desde mi habitual posición en el sofá. Sostengo un té humeante, con olor a canela. Aún no nos sentimos a gusto, él es todo un intruso en mi mundo, ese mundo que mantengo tan organizado y tan a mi manera. Me persigue segundo a segundo con sus cuentas, su tan poco melódico zumbido, su cara pálida y seria. No tiene números, eso ya sería demasiado!!
Mejor así, es más fácil hacerlo pasar desapercibido. Desvío la mirada. Afuera hace frío, mi bufanda se mece en el respaldo de una silla, presa de una brisa extranjera. El té continúa humeando. No puedo evitar volver a mirarlo. Es un intruso. Su tic - tac se me hace estridente y chillón. Suena el teléfono y me distraigo, sos tú. Pienso que dirías de mi reloj, que ilustre conclusión tuya dejaría de lado este tema para pasar a otros tanto más urgentes y placenteros. Pongo excusas, hoy me siento bien acompañada con mi soledad. Planeo dejar a un lado pronto esa manzana que tantas veces mordí y se me antoja cada vez más deliciosa. La serpiente siempre fue mi aliada y confidente, nunca un motivo de desconfianza. Este valle de Edén es cada vez más como yo. Laberíntico, tramposo. Otro período de lucidez. Ahí está él. Definitivamente no es mi tipo. Lo descuelgo. Y vuelvo a mi taza de té, al frío de afuera, a la bufanda, y a ti.

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