jueves, 16 de abril de 2009

Buscándome.

Mirarme al espejo y lograr reconocerme. Con todas mis pecas, mi frente ancha, mis 1.75 y mis cejas grandes. Y asumirme como lo que soy, o mejor aún, como lo que alguna vez fui. Rescatarme del insomnio y de esta oscuridad de papel crepé, frágil, aterrorizada, de cuclillas detrás de la cama. Sumergirme en un gran cenicero, resurgir de mis propias cenizas. Rescatarme de mi olvido, olvidar mi memoria. Desechar los exabrupto de mi imaginación fértil, que muchas veces hace ver algo más que unas caderas demasiado anchas. Reconstruir mi universo de pequeñas galaxias. Demasiado tiempo durmiendo en camas que no son de nadie, buscando los fantasmas que acechan debajo de la mía.
Que he de dejar atrás para volver a encontrarme? Para no juzgar más esa cara que veo en el espejo todas las mañanas, que me reprocha tanto, que ya ni siquiera somos la misma persona. Ella conocía bien sus límites. Y yo, del otro lado del espejo, estoy buscándola.

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